“Control”, de Marta Serrano

Se acerca el fin de semana, así que vamos a celebrarlo “a lo audiovisual”. Os presento hoy el primer cortometraje de mi amiga y compañera Marta Serrano. Con un talento innato para el mundo de la realización en diversos sectores creativos, y tras haber dirigido distintos tipos de piezas audiovisuales tales como videoclips o promociones de televisión, Marta se lanza al mundo del cortometraje con “Control”, la historia de Beatriz, una mujer de éxito que cambia cuando llega a casa y “se baja de los tacones” para mostrarnos su lado más humano. Y tú, ¿alguna vez has perdido el control?

Podéis seguir a Marta Serrano en su cuenta de Twitter: @Maartes

Y no quiero dejar pasar la ocasión de hablar de Filmin, una empresa española de reciente lanzamiento que para mí constituye un ejemplo perfecto del modelo de negocio al que tendrá que evolucionar el cine para adaptarse a los nuevos tiempos (y que quede claro que no pretendo entrar en debate con anti-Sindes y pro-Sindes, si es que de estos últimos existe alguno que sepa de primera mano qué es Internet y pueda llegar algún día a mi blog de alguna manera, sin acritud, claro). Por muy poco dinero, Filmin te permite ver películas del circuito independiente en gran calidad, con un servicio de streaming dinámico que adapta la definición de la imagen a tu ancho de banda con muy buen resultado. Además, cuenta con diferentes tipos de suscripciones por mes, trimestre, o año, que son perfectas para regalar si tienes un amigo cinéfilo. Puedes seguirlos en Twitter a través de @Filmin y enterarte de todo en su web.

¡Feliz fin de semana!
Rubén Vázquez.

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La identidad online y la huella digital

Los llamados “nativos digitales” tenemos un problema (y no sé si me estoy quitando años al incluírme aquí, pero bueno, ignorémoslo): desde que entramos en la web como inocentes jovenzuelos hemos podido publicar contenido sin grandes dificultades: Que si un Fotolog, miles de blogs desahuciados por ahí, alguna que otra cuenta de Flickr, páginas de Facebook, cuentas de Twitter sin tweets ni seguidores… Incluso algún perfil en alguna página de contactos, ¡lo que faltaba! En muchas ocasiones, serán cosas cuya contraseña has olvidado, o que se crearon con cuentas de correo ya inactivas y por tanto irrecuperables, etc. A todo esto me sale llamarlo nuestra “huella digital” (nada que ver con la dactilar, no confundir).

Todos estos contenidos que hayamos podido ir creando, en mayor o menor grado, contendrán (valga la reiteración) cierta información sobre nosotros. Gracias a todo ese cine de dudosa calidad que nos hemos ido tragando alguna vez que otra en las sobremesas de las cadenas generalistas, todos sabemos que si has hecho cosas de las que arrepentirte en un lugar, país o región, pues carretera y manta, un poco de cirugía para quien se lo pueda permitir, y a empezar una nueva vida. Pero la cuestión es, como “estado independiente”, ¿Es eso posible en Internet?

A la hora de plantearse seriamente la creación de una identidad para la Red o de profundizar en el ámbito de lamarca personal, llegamos a la orilla de un océano de preguntas tales como “¿Es aconsejable utilizar mi nombre real?”, “Si me relacionan con ese Fotolog que tenía a los dieciséis años, ¿me tomarán en serio?”. No soy nadie para aconsejar, ni voy a ir de gurú porque no lo soy ni me apetece, pero sí puedo hablar de la decisión que he tomado personalmente al respecto. Hoy inauguro este blog como primer paso hacia la construcción de una identidad profesional online que funcione como personal brand. ¿Todo lo que pueda haber por ahí? Pues no digo que no vaya a intentar borrar mis huellas en alguna que otra ocasión, pero siempre con la idea de que no es fácil y quizá no es del todo posible. Todos tenemos un pasado, y es incluso probable que en un futuro decida que este blog no me beneficia de cara a un posible trabajo, y me vuelva a plantear lo mismo. Ahora bien, que nadie se ponga a buscar contenidos creados por mí, que ni va a ser tan fácil, ni es tan turbio mi pasado digital.

Por otra parte tenemos el asunto de que, al estar metidos hasta el fondo en el mundo de las redes sociales, no todo el contenido presente en nuestros diferentes perfiles 2.0 depende de nosotros mismos. En el tiempo de dos paradas de Metro, mi compañera Estefanía y un servidor debatíamos sobre el tema. Si por ejemplo, como en el caso de mucha gente, tienes en Facebook gente de tu oficina, familiares, antiguos compañeros de clase, otros amigos, etc., cabe la posibilidad de que un familiar pregunte en tu muro por cosas como “¿Qué tal con el cabrón de tu jefe?”, que un amigo te etiquete en fotos del fin de semana que tu madre nunca debería ver… Claro que existen filtros y formas de evitar este tipo de detonantes de problemas, pero no son fáciles de aplicar, requieren que seas muy rápido, y no son aplicables a todo. Otro ejemplo: Estás en Twitter, con una cuenta llena de seguidores de diferentes clases, porque has decidido utilizar la misma cuenta tanto para tus actividades personales como profesionales en la Red, y alguien te incluye en una lista concreta y de nombre comprometido. Cada vez que alguien acceda a tu perfil a través de la web de Twitter, verá en qué listas te han incluído, y verá que formas parte de la “Gente con la que jugaría al monopoly” uno de tus followers. Y cuando digo “jugaría al monopoly”, digo cualquier otra cosa con cualquier otra carga moral, supongo que ya me entendéis.

Respecto a esto último, pues sí, puedes ir resolviendo cada cosa por separado, pero supongo que la solución llegará cuando todos sepamos usar las redes sociales, tengamos en cuenta las consecuencias de lo que hacemos en los perfiles ajenos, y sobre todo cuando aprendamos a juzgar un poco menos, porque si hay un invento que pueda hacernos aprender a relacionarnos con el mundo, ser consecuentes y un pelín más relativistas sin llegar a grandes extremos, ese invento son las redes sociales.

(Bienvenidos a mi blog, espero no haber aburrido a nadie, y espero producir algún debate interesante a partir de mis entradas. Si has llegado hasta aquí, ¡enhorabuena, y gracias!)

Rubén Vázquez.